“La animación tiene el rostro concreto de una persona: el Animador o Animadora”.
El joven animador es un servidor de sus hermanos. Se capacita permanentemente para mejorar la calidad de su servicio pastoral. Trabaja en equipo con otros animadores y con el asesor. Cultiva su fe y su vivencia eclesial y no descuida su propio proceso de crecimiento. Se llega a ser animador a través de un proceso de crecimiento y discernimiento, no sólo por un gusto personal.
- Acompaña y orienta a cada uno de los jóvenes en su proceso de crecimiento humano y cristiano.
- Estimula la formación del grupo desde una actitud de búsqueda y promueve el logro de las metas e ideales del grupo.
- Ayuda, mediante su preparación y experiencia, a superar las crisis del grupo y a tejer relaciones personales armónicas entre sus miembros.
- Busca en compañía de los jóvenes, en los momentos oportunos, la apertura a nuevas perspectivas de reflexión y de acción.
- Abre siempre la perspectiva cristiana a la hora de leer e interpretar las situaciones, problemas y propuestas de los jóvenes (PJS, 39).
- Ofrece elementos de crítica y de profundización a los jóvenes, para que sean capaces de evaluar e intervenir en su entorno y en la realidad social y política.
- Favorece la comunicación entre los jóvenes y, por tanto, la apertura de cada uno de ellos a los demás.